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La moto eléctrica.

Hace más de 100 años, exactamente en 1911, nacía un concepto revolucionario en el mundo de la automoción… la primera motocicleta eléctrica. Solo era un prototipo muy prometedor y en eso quedó hasta la feria de muestras de Buenos Aires en 1992 donde volvió a retomarse aquella vieja idea empezando a tomar forma real.

Años después, aun nos preguntamos porque, a pesar de los más de 90 modelos disponibles en el mercado, de su amplia autonomía que compite cara a cara con sus homologas de combustión, de su economía en la recarga eléctrica que no supera los 0.60 céntimos a los 100 kilómetros, a pesar de su limpieza y ausencia de ruido, de su potencia equivalente a cualquier moto ordinaria, o del impacto que supone saber que tienen un 90% menos de piezas que las actuales motos de gasolina… a pesar de todo esto como digo, aun no son una realidad en nuestras carreteras.

Intentaré lanzar algunas claves que están, a nuestro juicio, ralentizando el desarrollo de las motos eléctricas.

Debemos convenir que como vehículo resulta óptimo para la ciudad y por tanto, todas las ventajas anteriormente nombradas suponen sólidos argumentos de compra.

Existen sobre todo tres inconvenientes importantes:

  • El precio de estos vehículos puede rozar el doble de una motocicleta ordinaria.
  • Los puntos de recargas son escasos y están en un estado lamentable.
  • El ahorro que supone la recarga de electricidad no supone un gran acicate dados los bajos consumos de las grandes scooter que encontramos en el mercado.

Además de estos tres hándicaps, encontramos en el caso de nuestro país particularmente, algún otro exógeno a las propias características del vehículo, como la dura climatología de la España interior o la orografía que disminuye ostensiblemente la autonomía de estas motos.

Obviamente, los tres primeros y más destacables inconvenientes están en vías de solución. Las ayudas del gobierno son importantes para estos sectores y aunque sus plazos no son fijos, si nos adherimos a una de ellas, nos igualan mucho el precio a una moto de combustión.

Los puntos de recarga serán un problema hasta que una ley permita revender la energía y podamos cargar nuestra moto en puntos bien mantenidos, números y a un coste ajustado.

Analizando la evolución de las marcas más potentes, nos damos de bruces con la crisis y desaparición de la que fue número uno en el mercado americano, Vectrix, con una Scooter de 21 kw (125cc) y una autonomía de 132 kilómetros en su versión VSX1, no pudo finalmente resistir y esperar mejores tiempos.

Encontramos no obstante marcas solidas y modelos para todos los gustos y usos, pero solo una economía de escala y por tanto un número de ventas que lo justifiquen harán que demos el salto hacia un desarrollo más tecnológico y un precio más reducido.

Encontramos por tanto a día de hoy dos grandes incógnitas sobre el sector ¿Por que las grandes marcas (Suzuki, Honda, Kawasaki…) no apuestan por la energía eléctrica? ¿Tendría algún sentido introducir estos vehículos en los catálogos del Renting? La respuesta a la primera pregunta por desgracia creo que la conocemos… el negocio no está tanto en la venta de su producto como en los mantenimientos y arreglos de los mismos. Obviamente, una motocicleta o scooter eléctrico con la tecnología de una batidora, apenas pasaría por sus talleres.

La segunda pregunta quizás resulte más complicada y extensa de explicar. Las motocicletas y ciclomotores no son vehículos especialmente caros que impliquen un desembolso cuantioso al usurario, las aseguradoras además son especialmente rígidas con estos vehículos y la climatología de ciertas ciudades no acompaña a la expansión de este tipo de movilidad. No obstante, vemos cierto interés en algunos sectores (correos, reparto ultimo kilometro…) que buscan precisamente una movilidad  como esta, ecológica, económica y fiable, por lo que no vamos a descartar que sean productos que se puedan estudiar en un futuro próximo y añadir al catalogo de vehículo de Reflex para cubrir estas necesidades especificas.

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